jueves, 25 de abril de 2013

SOBREPROTECCIÓN Y SÍNDROME DE DOWN

La persona con sindrome de down se nos muestra como un ser débil y toda debilidad anima a la protección. Si ese carácter desvalido viene acompañado, de pequeño, de alguna enfermedad añadida que ponga en peligro su vida, aún se cierra con más intensidad el lazo del amor que le une a sus padres, y le lleva a caer en la primera de las trampas, la sobreprotección. 

Una cosa es protegerlos de las circunstancias hostiles a las que no sabrían enfrentarse por sí mismos y otra, muy distinta, protegerles en exceso, hasta de aquello que pueden realizar con facilidad y a lo que no se les permite enfrentarse. La sobreprotección convierte a su víctima en un ser frágil, endeble, desmadejado, una marioneta en manos de los demás y de los acontecimientos. Únicamente a través del afrontamiento directo y real con los obstáculos de la vida se puede construir una personalidad fuerte y estable.

Los niños con síndrome de Down saben utilizar también sus propias armas de niño y eluden los retos valiéndose de la ternura que provocan. El chantaje afectivo es otra de las peligrosas trampas que rodean al amor. Caer en él supone dejarse vencer por la lástima, por el cariño mal entendido y poner en manos del niño importantes decisiones en su vida que solamente un adulto exigente y afectuoso debería tomar.

La proyección de los miedos que el adulto arrastra, puede llevar a enmascarar con un barniz de amor lo que no es más que la dificultad para superar los propios traumas. No se le permite al niño correr riesgos por el temor de los padres a que le pase algo, aún a sabiendas de que esa actitud no beneficia a nadie. Al niño le perjudica porque siempre dependerá de sus padres, y a los padres porque nunca podrán liberarse de la responsabilidad del cuidado de su hijo, ni transmitírsela a otras personas cuando ellos falten.

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Os dejo parte de una entrevista de 'El Hormiguero' a Pablo Pineda, actor español con Síndrome de Down; en la que habla de este tema y cómo le afecta.

 

No quería concluir esta entrada sin nombrar mi admiración hacia Pablo Pineda, actor galardonado con la Concha de Plata al mejor actor en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián en 2009; el primer estudiante universitario con Síndrome de Down en Europa, diplomado en magisterio, licenciado en psicopedagogía y estudiante de oposiciones. 

Es algo excepcional, tenga o no tenga Síndrome de Down; cuántas personas cambiarían su curríclum por el suyo (incluída yo).

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